Hoy, como ciudadanía, hemos sido convocados a una importante confluencia de todos los sectores que preocupados por la destrucción inminente del Estado de derecho tomamos la decisión histórica de acudir al llamado agónico de la patria para aportar, desde la trinchera que nos corresponda, a la restitución de la democracia en Honduras, para así volverla participativa, incluyente y con equidad de género para que el Estado nunca más se vuelva a separar de la expresión legítima de la justicia, de la reivindicación de los derechos humanos y del bienestar económico y social.

Sabemos que vivimos en una época de grandes retrocesos, sobre todo, cuando vemos que un pequeño grupo conformado por privados, públicos y criminales se ha apoderado e instrumentalizado de los mecanismos mediante los cuales la ciudadanía podría asegurar un desarrollo digno e igualitario, pero que en su defecto, hemos encontrado un país empobrecido con el tiempo, saqueado permanentemente y ultrajado con persistencia, todo ello, al amparo de un sistema colmado de injusticias, corrupción e impunidad.

Por eso es tan importante la cohesión de las trincheras, porque como hondureños y amigos extranjeros que también aportan su grano para fortalecer nuestra institucionalidad, tenemos el común objetivo de luchar contra la exclusión y las desigualdades entre grupos sociales, entre prácticas, entre saberes o entre identidades; desigualdad que en la última década se vio agravada por la globalización de la corruptela neoliberal que hoy nos convirtió en el segundo país con el peor índice a toda América Latina.

Lamentablemente, ahí no queda nuestra historia, pues los corruptos no solo se expandieron en el tejido social, sino que nos afectaron de tal manera que hoy nuestra bella nación que se resiste a morir, fue convertida en el segundo país más corrupto del istmo centroamericano.

Ese funesto escenario impulsó al Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) a instalar el primer Observatorio de Política Criminal Anticorrupción (OPCA) en Honduras, como mecanismo de aporte a la ciudadanía, a fin de proveer estudios profundos y especializados que contribuyan al acrecentamiento de la conciencia ciudadana para dar respuestas concretas a grandes problemas del país, mayormente, en lo que compete a la formulación de políticas públicas para el desarrollo nacional y una cultura anticorrupción.

Por eso repudiamos la expulsión de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), pues su única labor fue aportarle al país valor para creer que sí es posible obtener un país transparente; coraje para levantar nuestra frente a fin de salir del tuétano de la indignidad; ímpetu para creer en nosotros mismos y extraer a la institucionalidad de la oscuridad donde la tienen. Este organismo internacional, el cual llegó como demanda ciudadana por estar meses luchando en las calles, siempre tuvo claro que representaba una afrenta para quienes han secuestrado esta nación.

Mismo destino sufrió la Unidad Fiscal Especial Contra la Impunidad de la Corrupción (UFECIC), pues el arrebato descarado e impune de quienes quieren continuar reinando la desaparición y como ilusionistas fútiles, engendraron un espejismo denominado Unidad Fiscal Especializada Contra la Corrupción (UFERCO), misma que su única razón de ser es la legitimación del debilitamiento del combate a la corrupción. Así como Estado y derecho son el binomio del cual depende el buen funcionamiento de una sociedad; corrupción e impunidad es el dueto para asegurar que los paladines sigan haciendo de las suyas sin que existan responsables.

Los organismos antes mencionados se sumaron a las voces de alarma junto al CNA, ya que los tradicionalmente intocables fueron señalados y desfilaron por las pasarelas de la justicia, pero que se blindaron aprobando a la velocidad de un rayo, un Código Penal que solo transpira impunidad.

Con esa herramienta del mal, quizás el efecto más pernicioso es su corrupción implícita, construida para el «blanqueo» del sistema democrático y la aplicación de la justicia. Esta fue la gota que derramó el vaso, donde se cayeron las caretas, donde quedó a la luz que no se puede continuar eligiendo corruptos para que nos representen y a la postre para que se organicen con el narcotráfico. Nos han saturado de climas de desconcierto en una sociedad que observa cómo su funcionamiento diario gira en torno a escándalos, abusos, y en general, conductas de funcionarios que distan mucho de la gestión eficaz.

Para desarticular ese blindado engranaje de corrupción es importante continuar uniendo esfuerzos entre todos los sectores. Agradecemos por tal motivo, la vinculación permanente de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en esta ardua tarea anticorrupción, así como nuestro reconocimiento por el ahínco del Foro Social de Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (FOSDEH) por dinamizar el quehacer ciudadano y aportar con su pensamiento a la edificación de un mejor concepto de país.

Si bien, ha faltado voluntad política para hacer justicia sin que intervenga amiguismo, compadrazgo o privilegios, hay un faro de luz que nos muestra el camino, entendiendo que los problemas de corrupción e ineficiencia estatal se resolverán con el apego total a la Constitución y a las leyes ejercidas por hombres y mujeres capaces, inteligentes y corajudos que actúen nada más que al servicio de la justicia y los ciudadanos.

Tenemos la certeza que mañana el sol brillará de nuevo, provisto de una democracia participativa con justicia social y derechos para todos, de tal manera que las hordas del fascismo se abatirán. La solución está en la sociedad.

¡Sin justicia no hay democracia!

¡Bienvenidos al OPCA!

CNA

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